Una estrategia sostenible para combatir la anemia y fortalecer la seguridad alimentaria
En las comunidades altoandinas del sur de Perú, donde las duras condiciones climáticas limitan la producción agrícola, la anemia y la desnutrición infantil siguen siendo graves problemas de salud pública. Según la Encuesta Demográfica y de Salud (ENDES) 2022 del INEI, el 42,4% de los niños de entre 6 y 35 meses padecen anemia, una cifra alarmante que subraya la necesidad de un acceso sostenible a alimentos nutritivos. En respuesta, la organización Con Corazón implementó un proyecto de invernaderos familiares en la comunidad rural de Marampaqui (Cusco). La iniciativa busca fortalecer la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la autosuficiencia productiva. Combina tecnología apropiada con la participación activa de la comunidad, generando un impacto directo en la salud, la economía y el bienestar de las familias andinas.
Alimentos habituales a más de 4000 metros sobre el nivel del mar
En estas regiones de gran altitud, la alimentación de las personas depende de cultivos adaptados a climas extremos. Las papas, la quinua y el chuño, alimentos que cultivan ellos mismos, constituyen la base de su nutrición gracias a su valor energético y larga vida útil. Las proteínas animales provienen principalmente de cuyes, llamas y alpacas, especies adaptadas a las grandes altitudes que proporcionan carne, lana y mano de obra, contribuyendo a la seguridad alimentaria en los Andes peruanos.
Plantas medicinales
Plantas medicinales como la muña, utilizada para problemas digestivos y el mal de altura, y las hojas de coca, tradicionalmente usadas para aliviar el dolor, aumentar la energía y en ceremonias, se cultivan comúnmente. Otras plantas importantes incluyen la menta, utilizada para la digestión y el alivio del estrés, y el hercampuri, tradicionalmente usado para controlar la diabetes.
Necesidades identificadas por Con Corazón
La introducción de invernaderos en Marampaqui ofrece una solución eficaz a la escasez de hortalizas en la dieta local y a los crecientes impactos del cambio climático. Estas estructuras protegen los cultivos de las heladas, las lluvias torrenciales y los fuertes vientos, creando un microclima controlado que permite el cultivo durante todo el año. Mantienen temperaturas estables, previniendo daños a las plantas durante las noches frías, y mejoran la eficiencia hídrica al reducir la frecuencia de riego. Económicamente, los invernaderos mejoran la seguridad alimentaria, aumentan los ingresos familiares gracias a cosechas más frecuentes y de mayor calidad, y diversifican la producción. También contribuyen a reducir la desnutrición al garantizar el acceso a alimentos frescos y nutritivos.

Diseño
Cada invernadero está adaptado a las condiciones andinas, combinando materiales locales como adobe, ladrillo y madera de eucalipto, con tecnologías modernas como el polietileno térmico. En conjunto, estas estructuras fortalecen la resiliencia de la comunidad ante el cambio climático, promueven la sostenibilidad agrícola y apoyan el desarrollo económico en las regiones más vulnerables del Perú.

Plan de implementación
El proyecto de invernaderos de Marampaqui se planificó cuidadosamente y de forma participativa, comenzando varios meses antes de su construcción. Las primeras reuniones se centraron en sensibilizar sobre los beneficios de los invernaderos para la producción de alimentos y la nutrición familiar. En sesiones posteriores se definieron el plan de implementación, el cronograma y las responsabilidades. Los beneficiarios aportaron materiales locales como adobe, ladrillo, madera de eucalipto y mano de obra, fomentando la apropiación y la responsabilidad compartida. En el caso de las madres solteras, otros participantes se unieron para apoyarlas, asegurando que todas las familias pudieran terminar sus invernaderos.
Con Corazón proporcionó materiales esenciales como techos de plástico, clavos, tablones, tubos de plástico, hierro, mallas y alambre. Gracias a este esfuerzo colectivo, cada familia construyó su propio invernadero y eligió qué verduras y plantas medicinales cultivar, según sus necesidades y preferencias. La iniciativa no solo fortalece la producción local de alimentos y la autosuficiencia, sino que también refuerza la cooperación social y los lazos comunitarios en los altos Andes.

Oportunidades económicas
Algunos beneficiarios de los invernaderos optaron por cultivar fresas, además de las hortalizas, aprovechando las condiciones favorables que ofrecen estas estructuras. Este nuevo cultivo diversifica la producción agrícola y genera oportunidades de ingresos para las familias. La venta de fresas en los mercados locales contribuirá a generar ingresos adicionales, mejorar la economía familiar y fomentar el emprendimiento rural, lo que fortalecerá tanto la sostenibilidad del proyecto como el desarrollo comunitario.

Estrategia de coordinación
Dino Cruz, nuestro promotor de salud en el Centro Médico Marampaqui, desempeñó un papel fundamental en el seguimiento del proyecto. Recorriendo cada terreno en motocicleta, visitó a cada beneficiario para monitorear el progreso y brindar apoyo técnico y motivacional. También organizó reuniones de coordinación periódicas, lo que garantizó una comunicación fluida entre los participantes. Gracias a su estrecha relación con la comunidad, logró fomentar la responsabilidad y el compromiso, motivando a las familias a alcanzar sus metas.

Conclusión
La iniciativa de invernaderos ha demostrado ser una estrategia eficaz para fortalecer la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible en condiciones climáticas extremas. Además de proporcionar alimentos frescos durante todo el año, ha fomentado la participación comunitaria, la responsabilidad compartida y el empoderamiento, especialmente entre las mujeres y las madres solteras. El uso de materiales locales y tecnología apropiada aseguró la adaptación a las condiciones andinas, garantizando la durabilidad y la funcionalidad. Esta experiencia demuestra un gran potencial para su replicación en otras regiones rurales andinas o áreas con desafíos geográficos y climáticos similares. Con la capacitación adecuada, el apoyo técnico y la colaboración con los gobiernos locales o instituciones asociadas, este modelo puede llegar a más comunidades. En definitiva, el proyecto de invernaderos se erige como una solución local sostenible al cambio climático y la pobreza, y como un ejemplo inspirador de cómo las iniciativas impulsadas por la comunidad pueden mejorar la calidad de vida de las poblaciones rurales vulnerables.
Noviembre 2025














